Balkanian Gipsy Rules

Preparaos para que el suelo que pisáis comience a temblar… Esos inmigrantes, los gitanos… los sin patria, sin tierra y sin dinero, caminantes y bebedores incansables. Aquellos que son de aquí, de allá y de ninguna parte, llegan a La Isla con sus vientos, tambores, acordeones y violines… Portentos genéticos perseguidos durante toda su historia por gobiernos y pueblos con intenciones de exterminio. Almas nómadas y libres que todavía siguen deambulando por el mundo.balkan slika

Coged aire porque hoy damos la bienvenida al verano a ritmo de las orkestas balkanicas más gipsy y del mejor Balkanbilly!!!

Salut!

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Desobediencia, Rebeldía y Rock&Roll

Can Vies encendió la mecha. El Rey abdica sin preguntar, que por eso es Rey. Y la FIFA se mea en la cara de los Brasileños… Comienza el mundial de la vergüenza.black bloc

 La peste de la desobediencia, se propaga como un virus entre los ciudadanos. No es violencia, es rebeldía! El destino de los pobres dejará de ser el de trabajar para comer, dormir y procrear a nuevas generaciones de esclavos. A partir de mañana los niños pobres vendrán también con un libro bajo el brazo! Un programa improvisado a ritmo de rockabilly de las dos últimas décadas.

 

En Reconstrucción, un Oasis en Sants

Después de de ver como durante los últimos tiempos, los ciudadanos  estaban siendo convertidos en zombis, sin apenas una gota de sangre. Donde nada que no se tradujera en dinero era digno de su esfuerzo. El día después de unas elecciones europeas, el alcalde de Barcelona ordenaba el desalojo de una casa donde durante 17 años se había convertido en las ilusiones, iniciativas y proyectos culturales y sociales de niños, jóvenes y mayores. Aplicando de nuevo la fuerza y la represión de aquellos que se saben sin razón. Violencia y brutalidad policial de las fuerzas de seguridad evidencian su nivel humano e intelectual.

Al día siguiente una excavadora echaba abajo las paredes de ese espacio del pueblo. Aplicando su dictadura del olvido y derrumbando recuerdos, ilusiones y borrando la memoria de 17 años que durante cada uno de sus días ha dado vida Can Vies.

Las consecuencias, han sido de más de 5 días de fuego y barricadas. Barcelona entera despertó de su letargo, algunos recordaban aquella “rosa de foc”. El virus de la desobediencia se apoderaba de unos ciudadanos hartos de que sus mandones les recorten su vida cada día. Y esa excavadora que ardió durante horas y horas, se convirtió en un símbolo del capitalismo chamuscado.

El sábado, sexto día, los vecinos del barrio y de toda Barcelona se ponen de acuerdo en reconstruir ese espacio que, aunque no conste en ningún papel, les pertenece.  Ofrecí mis manos y mis ideas al servicio de Can Vies y tuve el placer de participar en un inicio de reconstrucción realizando los trabajos verticales. Llegamos a primera hora de la mañana, con todo el material. Al poco rato una multitud llegaba a ritmo de esos cánticos de unión, de lucha y de solidaridad. Los cascos de obra amarillos les convertían a todos en una familia, la familia de la clase obrera sintiéndose orgullosos y vivos.

De entre la multitud, bomberos, arquitectos, aparejadores, encofradores, paletas y demás especialistas tardaron apenas 5 min en ponerse de acuerdo en cuanto a la organización, las tareas y la seguridad.

Los destinados a colgarnos nos pusimos manos a la obra camino a la azotea. La multitud se organizaba llena de voluntad e ilusión. Durante el camino hacia la azotea por dentro de la casa uno sentía como esas paredes lloraban, el escenario era entristecedor… Pero el ruido de la ilusión y la voluntad penetraba desde fuera, allí estábamos todos de nuevo, dispuestos a dar vida a esas paredes. Eran las 10:30 y desde la azotea una multitud se organizaba dispuesta a reconstruir su memoria y sus sueños. Desde arriba, todo el vecindario comenzaba a trabajar, creando cadenas donde los ladrillos pasaban de mano en mano, y una vez amontonados, otro grupo se ocupaba de seleccionar y separar aquellos que estaban enteros y podían ser reutilizados, apilándolos ordenadamente. Había quién se dedicaba a limpiar aquellos ladrillos con cemento para que de nuevo, juntos, volvieran a ser esas paredes que aguardaron tanta vida en su interior. Una cadena humana llevaba el resto de runa inservible hasta la sede del distrito donde se amontonó en la puerta.

Unos pocos organizan de forma improvisada una pequeña zona de juegos para que los más pequeños disfrutasen de la magia de ser niños. Otros preparan la intendencia cocinando unos exquisitos fideos para saciar a esa multitud entusiasmada en sus labores de reconstrucción. Había quién llevaban agua y cerveza a los que trabajaban, otros hacían fotos y entrevistas o nos animaban a desempeñar nuestras tareas, pero todos nos ocupábamos de que nadie se hiciera daño, por motivos humanos y no de rentabilidad.

Ante tal espectáculo de cooperación y armonía, una emoción se apoderaba de uno hasta crear un nudo en la garganta. Era un sueño hecho realidad, era… el sueño hecho realidad. No había dueño, ni existía patrón, nadie iba a ganar un céntimo, no había jefes con síndrome de superioridad ni peones menospreciados. La dignidad, la ilusión y la voluntad, movía, desde el más pequeño hasta el más anciano a ser partícipe de ese gran oasis, en medio de un mundo donde la vida de cada uno es lo mismo un día tras otro…