La Ignorante Bondad Europea

Todo comenzó en Berlín, allá por 1885. Hasta entonces, antes de configurar un mapa se conquistaba. Con África no fue así, los mandones de Europa se la repartieron a escuadra y cartabón. El África de hoy es fruto de los tratados y acuerdos de Europa. Ahora es el continente más rico en recursos naturales, pero estos pertenecen a las grandes empresas europeas y americanas. Es el que recibe la mayor inversión extranjera en infraestructuras, pero las casas donde vive su gente no llega la electricidad y de sus grifos no sale agua. roto19En nombre de la paz mundial les hicimos la guerra y en nombre de la democracia el FMI les quitó lo poco que les quedaba. La ayuda humanitaria, esencial para ablandar corazoncitos acomodados, lleva allí 50 años sin haber cambiado nada, de eso se trataba. De esta forma se potencia la imagen de las victimas como peleles incapaces de hacerse cargo de sus asuntos, al mismo tiempo que deja claro la bondad occidental hacia aquellos que no tienen. No tienen porque se lo hemos robado nosotros.  Los medios de comunicación, después de comprobar su potencial consiguiendo centrar la atención de todos los ciudadanos hacia lo que ocurre en las fronteras y ablandando sus corazones con imágenes sensacionalistas que no dicen nada, toca dar el siguiente paso.
Ahora toca ponernos medallas, toca publicar la ternura de los ciudadanos europeos decididos a acoger a los refugiados. Toca difundir las imágenes de recibimiento a los pobrecitos. Toca decirle al mundo entero lo cojonudos que somos. Y en España, los catalanes vamos en cabeza, faltaría más, a cojonudos no nos gana nadie.

En lugar de hacernos los salvadores de la humanidad, podríamos exigir responsabilidades a aquellos que han destrozado sus casas, matado a cientos de miles de civiles (y lo siguen haciendo) y que les han obligado a huir de su tierra. Podríamos exigirles que  construyan aquello que han destrozado. Porque al fin y al cabo cada uno de los ciudadanos europeos tenemos nuestra  parte de culpa. Acoger a los refugiados es solamente afrontar el problema, no solucionarlo. De esa forma solo conseguiremos eternizar el problema,  engañándonos a nosotros mismos, creyendo que estamos siendo solidarios cuando lo que realmente estamos ejerciendo no es solidaridad, sino caridad.

Lupen

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Cuando el Barrio Dejó de Ser Nuestro

Recuerdo que apenas teníamos once años cuando íbamos al otro lado de las vías del tren, allí, un montón de vías muertas y vagones abandonados se convertían en el perfecto escenario de nuestras aventuras. Un tramo de carretera de fuerte pendiente era nuestro acceso a las vías, ese trozo de carretera se había convertido en un pequeño cementerio de coches abandonados. Recuerdo que nos subíamos a esos coches y les quitábamos el freno de mano y bajábamos por esa pendiente hasta que chocábamos con los otros coches siniestrados. Era emocionante… sant andreu dibuix byn

Ahora, un enorme centro comercial se levanta imponente para que la gente del  barrio compre allí todo lo que no necesita mientras los comerciantes, vecinos de toda la vida, cierran sus pequeños y humildes negocios. “La Maquinista traerá mil nuevos puestos de trabajo al barrio de Sant Andreu” decían los periódicos. Los pequeños propietarios y sus empleados de toda la vida obligados a cerrar no eran contabilizados por esos periódicos. En La maquinista los más pequeños  ya no pueden jugar a pelota, ni a las canicas, ni siquiera correr. Pero sus padres podrán comprar su felicidad con videojuegos con los que pasarte el resto de tu infancia y adolescencia ante la pantalla.

En el otro extremo del barrio, justo al cruzar la meridiana, un inmenso descampado se abría ante tus ojos. De bien pequeño mi madre me llevaba a una de esas masías, allí me enseñaron a coger zanahorias, cebollas y demás hortalizas. Ya no recuerdo como se hace… Lo que sí recuerdo, es que allí, en ese inmenso descampado enterré a mi gata. Una siamesa de cola corta, cariñosa, afable y divertida. Justo en el mismo lugar donde ahora se levanta ese gran templo del ocio. Allí, para entretenerte debes pagar un precio, y las grandes pantallas y otras máquinas harán el resto…

Cuando éramos niños las peonzas eran de madera, y el juego más jugado en el barrio consistía en que uno lanzaba la peonza y mientras esta rodaba, el resto teníamos que partirla lanzando las nuestras con fuerza. Cada uno se pintaba la suya o le ponía chinchetas para crear efectos cuando rodaban. Las canicas o las chapas eran también bastante comunes en las calles y los parques de mi barrio. Ahora las peonzas son de plástico e imposibles de personalizar y si se te ocurre lanzarlas con fuerza contra el suelo te quedarás sin. Ya nadie tiene chinchetas en casa, las canicas son peligrosas si los niños se las tragan y con las chapas cualquier niño se puede cortar. En el barrio los parques están separados por zonas cercadas con palos de madera, aquí los perros, aquí los niños, aquí no se puede pisar, aquí no se puede fumar, aquí no se puede jugar a pelota… En el barrio, los niños cada vez tienen menos derecho a ser niños.

El barrio ya no es lo que era. Recuerdo las hogueras en el robledillo, al lado de las vías. Nos bastaba con una guitarra, unas palmas y cien duros por cabeza para unas xibecas y algo de hachís para pasar la mejor de las noches. Si te tocaba parar a “mosca” ya sabias a lo que te atenías y que no había vuelta atrás. A todo esto ahora se le llama vandalismo y es mejor que no se te ocurra bajar a la calle con tu guitarra y echar unas palmas mientras otro hace una hoguera.

Recuerdo algunos sitios que fueron durante años, el punto de encuentro de la gente del barrio. Lugares como La Lira o el Versalles, que cuando abrías la puerta, una bocanada de humo se escapaba como liberándose. Eran sitios oscuros, allí los preocupados se despreocupaban y entre copa y copa los solitarios encontraban consuelo. Los mejores tertulianos conjuraban y conspiraban mientras aquellos corazones solitarios apuraban hasta el último segundo esperando salvarse de la peste del insomnio.

Ahora,  la intimidad de la oscuridad ha sido sustituida por el exhibicionismo de la luz, el humo por el incienso, la cerveza y el vino por un surtido de tés y cafés de cualquier rincón del planeta, las tertulias se hacen ahora frente al calor hipnótico de las pantallas y los corazones solitarios han tenido que buscarse otros lugares.

Por la mañana, cuando el barrio se despertaba las calles olían a pan recién horneado y a café tostado. El zapatero abría su taller, y un aroma a cuero y betún se concentraba frente su puerta.  A mí me gustaba pasar por la plaza de las palmeras y sentir el olor a madera húmeda y recién cortada que salía de esa gran carpintería familiar y su enorme almacén lleno de maderas cortadas de todos los tamaños. Su dueño, un hombre de unos ciento cincuenta quilos se paseaba por allí atendiendo a los clientes, siempre con el lápiz detrás de la oreja, y mandando a cortar las maderas a los chicos de dentro. Uno de ellos, amigo mío de la infancia, estuvo trabajando allí los últimos seis años hasta que cerraron. La Plaza de las Palmeras ya no huele a madera, en su lugar un supermercado vende comida barata plastificada.

Todavía recuerdo cuando iba con mi abuela al mercado. Una fiesta de aromas, colores y sonidos me envolvía quedándome embobado con alguna maravilla de un mundo todavía por descubrir mientras mi abuela me estiraba del brazo. Entonces se oía un silbido. Era el inconfundible silbido del afilador que se abría paso entre la multitud con su motocicleta, con arte de artesano comenzaba a afilar los cuchillos de carniceros, pescaderos y demás vecinos. Las persianas cerradas son ahora mayoría y la mugre se apodera cada vez más de ellas. Pocos son los puestos que resisten la embestida de la comida artificial, plastificada y barata. Solo un tímido goteo de vecinos se deja caer de vez en cuando y el silbido ha sido sustituido por el incómodo silencio del abandono.

El barrio ha dejado de ser de su gente. En las calles los negocios familiares han dejado paso a las grandes marcas, cadenas de alimentación, fruterías transgénicas, hornos de pan prefabricado y centros comerciales y de ocio. En el barrio. Los colores, los sabores, los olores, y hasta las ideas se fabrican a escala industrial. Las consciencias son esterilizadas. La felicidad se confunde con el coche o con un móvil de última generación. Las calles de adoquines, esos adoquines que lograron frenar a los fascistas en julio del 36, son sustituidos por el olvido del alquitrán. La lucha de unos pocos es controlada e institucionalizada y las iniciativas y propuestas alternativas deben ser ecológicas y sostenibles. Lo más gracioso es que los mismos que permitieron que el barrio dejara de ser de su gente, ahora hacen visitas guiadas y cuentan a la gente de fuera como era antes el barrio.

Lupen.

Terror Anarquista

Vivimos en un sistema en el que no está permitido que los ciudadanos se hagan cargo de sus propios intereses ni que creen iniciativas asociándose y creando comunidades libres. Solamente una clase especializada de hombres son los encargados de decidir cuáles son los intereses comunes. Esta minoría poderosa es la que decide, ejecuta, controla y dirige que es lo mejor para la convivencia y la armonía de la gran mayoría de la población, cuya única función, consiste en ser espectadores en lugar de participantes, y a cambio, de vez en cuando gozarán del favor de decidir quién quiere que sea su nuevo líder.  Una vez liberados, deberán volver a su posición de espectadores.

Y a aquellos que no cumplamos con nuestro deber de buen ciudadano (trabaja, mira la tele, consume, calla y vota) serán desacreditados a través de los grandes medios, serán perseguidos por la ley acusados de romper la armonía y la paz social en la que vivimos. Serán aislados, torturados y asesinados si es necesario para poder mantener el control de la población.Resistencia estudiantil

Hemos de esperar que nos digan: “Muchachos, vosotros no podéis hacer nada, estáis solos, estáis separados, nunca habéis conseguido nada y nunca conseguiréis nada”. Ellos nos temen, y por tanto deben decirnos eso, incluso también nos dirán: “Vosotros no queréis conseguir nada, todo lo que deseáis es consumir más”.

El poder, siempre ha considerado a los anarquistas como el mal definitivo. Y es que la idea de que la gente pueda ser libre resulta extremadamente aterradora para cualquier persona de poder. Si quieres pensar por tu cuenta debes saber que tendrás que pagar un precio.

Los ciudadanos preguntones resultan altamente incómodos. Los fundamentos de la educación y por lo tanto de la civilización son estos: “ Yo soy un gran profesor, y voy a decirte lo que tienes que decir, lo que tienes que pensar, tú lo anotas en tus cuadernos y lo repites”. Si te levantas y dices ;“ no entiendo porque debo leer a platón o cualquier libro que se te haya encomendado”, estas destruyendo sus fundamentos de la civilización.

El Anarquista es aquél ciudadano que no acepta la leyes impuestas, aquél que cuestiona hasta lo más esencial de nuestro sistema, aquél que desobedece si cree que no es justo, aquél que utiliza la solidaridad de forma horizontal sin confundirla con la caridad. Anarquista es aquél al que el capitalismo, su educación y su publicidad no han logrado convencer, es aquél que sabe convivir en comunidad sin necesidad de leyes ni autoridad… Obviamente este ciudadano es altamente peligroso para aquellos que tienen el poder sobre los ciudadanos, y esa peste de desobediencia y capacidad de autogestión deben ser eliminadas.

Lo que el poder no sabe ni entiende es que la tozudez y la capacidad de supervivencia que tenemos los anarquistas, no tiene límites.

Pablo, el Nuevo Mesías de la Democrácia

El caso es que no quería, no me apetecía, mencionarme sobre el tema. Sin embargo, finalmente, después de hablar con algunas amistades, y de leer algunos artículos realmente sorprendentes, más que por el autor, por el medio donde se publican. Y no lo digo por estar a favor o en contra, sino por la falta de rigor y de capacidad para cuestionar algunas evidencias sobre la realidad que nos imponen. Voy a intentar explicar lo mejor posible mi decepción, hacia una parte de la ciudadanía, por ser incapaz de cuestionar, a aquél que nos regala el oído.el roto manipulacion

Durante los últimos años, estamos comenzando a vivir bajo un contexto grave a nivel social y democrático, con un empobrecimiento de la población y una clase media que parece tener los días contados. Donde existe una minoría poderosa que decide qué es lo que les conviene a los ciudadanos, una minoría que crea el consenso y los valores que todo buen ciudadano debe tener, a través de los medios de comunicación y que nos vende una guerra, una privatización de lo público como el que nos vende un jabón. Pero esa elite política se encuentra cada vez más erosionada y su credibilidad se encuentra bajo mínimos.

Pero tranquilos… Tenemos un  nuevo mesías. Lo llaman “el fenómeno” Podemos. Y viene dispuesto a preservar la paz democrática. Pero primero me gustaría empezar por el principio, o al menos por aquél principio en el que un servidor dio de forma casual y gracias a internet con un programa que se llamaba Ford Apache, cuya introducción era llevada a cabo por un chico joven, con el pelo largo y con una oratoria y un discurso que me dejaron bastante perplejo. Ese era un discurso que podría ser muy afín a mi modo de ver y analizar la realidad y el sistema en el que vivimos, salvo algunos puntos. El caso es que por fin encontraba un programa de debate en el que nadie se presentaba como neutral. Donde se analizaba con bastante profundidad los temas que se trataban, y lo más importante, no existía una censura en cuanto al contenido, los tertulianos podían nombrar empresas, empresarios y llevar a cabo una crítica al sistema como tal. Por lo tanto la información usada para levar a cabo los debates, no se veía afectada por unos intereses económicos, ya sean por parte de anunciantes como de accionistas, porque dicho medio prescindía de ellos.

Aunque la posición política de Pablo no era del todo afín a la mía, me parecía interesante su programa. Recuerdo un programa en el que se hablaba sobre el tema  que trata el libro de Pascual Serrano “Traficantes de Información”. Un libro que destapa a los dueños de los grandes medios, su historia y sus finanzas. Los mismos dueños que los de las grandes multinacionales y que bajo la excusa de la libertad de expresión manejan, controlan y deciden qué noticias debemos conocer y bajo qué punto de vista ideológico deben ser redactadas.

Fue un programa que dejó claro quién está detrás de las televisiones privadas y porqué según qué discursos no son admitidos en los grandes medios.

La realidad es que aquellos discursos que llevan implícita una crítica al sistema democrático actual y sobre todo al capitalista, y sean capaces de destapar sus evidencias, su funcionamiento real y su falta de escrúpulos, serán discursos que no tendrán lugar en la TV, ni en los periódicos más leídos, ni en las emisoras más escuchadas. No interesa que la gente vea esa crítica al sistema y esas alternativas como algo viable. Si eso ocurriera el capitalismo correría grave peligro. Para eso están los medios de comunicación privados, para ejercer su derecho a censura sobre la población y así controlar la opinión pública.

Partiendo de esa base, que también compartía Pablo. Pablo decidió dar el salto a los canales privados de la TDT. Curiosamente la primera tertulia en la que participó Pablo fue en Intereconomia. La verdad, resultaba divertido ver como un joven con coleta les daba un rapapolvo a ese montón de caspa con corbata. A partir de ahí comenzó a aparecer en todas las tertulias; de mañana, tarde y noche, de las demás televisiones como Cuatro, La Sexta , Antena 3 o Telecinco.

Algo no cuadraba. El señor Pablo Iglesias, que poseía un discurso con una crítica al actual sistema, sobre todo al sistema capitalista era aceptado en todos los platós de las televisiones privadas. ¿Por qué se aceptaba ese discurso ahora? ¿Por qué Pablo Iglesias y no otra persona?

Entonces apareció “Podemos” y mis dudas comenzaron a disiparse. La verdad es que el slogan “Podemos” me ayudó bastante puesto que estamos ante un eslogan vacío. No nos dice nada pero podríamos estar todos de acuerdo. Es como si yo dijera: “Lo más importante en la vida es la libertad”, todo el mundo estará de acuerdo, por lo tanto no he dicho nada, es un eslogan vacío, no se posiciona, no se compromete, no concreta. Eso sin contar con esa inevitable comparación con el “yes we can” de Obama, o con el poderío de “La Roja” que parecía darle de comer a todos los españoles.

Si analizamos la situación sociopolítica del momento estaremos de acuerdo en que una parte de la ciudadanía, que la podríamos llamar de “izquierdas”, se encuentra profundamente desengañada con la política, y su confianza hacia los políticos cae en picado a un ritmo vertiginoso. Esa parte, muy numerosa, de esa ciudadanía desengañada, corre el peligro de rebelarse. Y ahí es donde entra en escena Podemos. Su función no es otra que la de amedrentarla y que vuelva a creer en este sistema que nos da a escoger cada cuatro años cual queremos que sea nuestro nuevo líder.

Podemos no rompe el bipartidismo, al contrario, será una parte del bipartidismo que viene. Y su discurso perderá credibilidad porque no predican con el ejemplo, igual que en su funcionamiento interno, en Podemos las decisiones las toman dos personas, el resto, tiene opinión pero esta no cuenta.

En un país con un alto riesgo de rebelión, Podemos tiene la función de preservar esta paz democrática que permite que sigamos trabajando explotados pero callados, que sigamos consumiendo en busca de la felicidad, una paz democrática que parece ser el pilar sobre el que se sustenta el capitalismo y que nos está saliendo muy cara. Podemos debe evitar la rebelión y debe hacer que los ciudadanos vuelvan a creer en la democracia. Y los ciudadanos nos volvemos a creer lo que la TV nos cuenta.

 Lupen.

 

En Reconstrucción, un Oasis en Sants

Después de de ver como durante los últimos tiempos, los ciudadanos  estaban siendo convertidos en zombis, sin apenas una gota de sangre. Donde nada que no se tradujera en dinero era digno de su esfuerzo. El día después de unas elecciones europeas, el alcalde de Barcelona ordenaba el desalojo de una casa donde durante 17 años se había convertido en las ilusiones, iniciativas y proyectos culturales y sociales de niños, jóvenes y mayores. Aplicando de nuevo la fuerza y la represión de aquellos que se saben sin razón. Violencia y brutalidad policial de las fuerzas de seguridad evidencian su nivel humano e intelectual.

Al día siguiente una excavadora echaba abajo las paredes de ese espacio del pueblo. Aplicando su dictadura del olvido y derrumbando recuerdos, ilusiones y borrando la memoria de 17 años que durante cada uno de sus días ha dado vida Can Vies.

Las consecuencias, han sido de más de 5 días de fuego y barricadas. Barcelona entera despertó de su letargo, algunos recordaban aquella “rosa de foc”. El virus de la desobediencia se apoderaba de unos ciudadanos hartos de que sus mandones les recorten su vida cada día. Y esa excavadora que ardió durante horas y horas, se convirtió en un símbolo del capitalismo chamuscado.

El sábado, sexto día, los vecinos del barrio y de toda Barcelona se ponen de acuerdo en reconstruir ese espacio que, aunque no conste en ningún papel, les pertenece.  Ofrecí mis manos y mis ideas al servicio de Can Vies y tuve el placer de participar en un inicio de reconstrucción realizando los trabajos verticales. Llegamos a primera hora de la mañana, con todo el material. Al poco rato una multitud llegaba a ritmo de esos cánticos de unión, de lucha y de solidaridad. Los cascos de obra amarillos les convertían a todos en una familia, la familia de la clase obrera sintiéndose orgullosos y vivos.

De entre la multitud, bomberos, arquitectos, aparejadores, encofradores, paletas y demás especialistas tardaron apenas 5 min en ponerse de acuerdo en cuanto a la organización, las tareas y la seguridad.

Los destinados a colgarnos nos pusimos manos a la obra camino a la azotea. La multitud se organizaba llena de voluntad e ilusión. Durante el camino hacia la azotea por dentro de la casa uno sentía como esas paredes lloraban, el escenario era entristecedor… Pero el ruido de la ilusión y la voluntad penetraba desde fuera, allí estábamos todos de nuevo, dispuestos a dar vida a esas paredes. Eran las 10:30 y desde la azotea una multitud se organizaba dispuesta a reconstruir su memoria y sus sueños. Desde arriba, todo el vecindario comenzaba a trabajar, creando cadenas donde los ladrillos pasaban de mano en mano, y una vez amontonados, otro grupo se ocupaba de seleccionar y separar aquellos que estaban enteros y podían ser reutilizados, apilándolos ordenadamente. Había quién se dedicaba a limpiar aquellos ladrillos con cemento para que de nuevo, juntos, volvieran a ser esas paredes que aguardaron tanta vida en su interior. Una cadena humana llevaba el resto de runa inservible hasta la sede del distrito donde se amontonó en la puerta.

Unos pocos organizan de forma improvisada una pequeña zona de juegos para que los más pequeños disfrutasen de la magia de ser niños. Otros preparan la intendencia cocinando unos exquisitos fideos para saciar a esa multitud entusiasmada en sus labores de reconstrucción. Había quién llevaban agua y cerveza a los que trabajaban, otros hacían fotos y entrevistas o nos animaban a desempeñar nuestras tareas, pero todos nos ocupábamos de que nadie se hiciera daño, por motivos humanos y no de rentabilidad.

Ante tal espectáculo de cooperación y armonía, una emoción se apoderaba de uno hasta crear un nudo en la garganta. Era un sueño hecho realidad, era… el sueño hecho realidad. No había dueño, ni existía patrón, nadie iba a ganar un céntimo, no había jefes con síndrome de superioridad ni peones menospreciados. La dignidad, la ilusión y la voluntad, movía, desde el más pequeño hasta el más anciano a ser partícipe de ese gran oasis, en medio de un mundo donde la vida de cada uno es lo mismo un día tras otro…

Profesional

Llega a su casa. Ha sido otra dura jornada de trabajo. Besa a su mujer, hace tiempo que ella no le pregunta como le ha ido el día. Su hija recién nacida duerme plácidamente en su cuna.

Se dirige al baño. Necesita una ducha. EL gran espejo delata su otro yo, y el lo mira y le dice, y se dice:

–          ¿Qué quieres que haga? Es mi trabajo

–          Cumplo ordenes… Por eso me pagan. Ademas, tengo que mantener a mi familia.

–          Si no lo hago yo, lo hará otro.

Pero en el espejo, su otro yo, ese otro yo lo misa impasible.

tortura dibujoMira a su victima, sorprendido del odio que ésta siente hacia él. ¿Es que no entiende que es mi trabajo? ¿Qué es mi obligación?

No ha logrado que su víctima hable. No logra comprender qué es lo que empuja a estas gentes a no colaborar por el bien común.

El verdugo finaliza su jornada, se quita la placa, deja los utensilios de tortura bien ordenados en su lugar, se deshace del uniforme y sale a la calle disfrazado de ciudadano.

Se siente una persona normal. Ha cumplido, un día más, con su obligación de buen ciudadano.

El Nacionalismo, Una Patología Contagiosa

Los nacionalismos se alimentan, entre otras cosas, de las crisis económicas. Y la globalización es la gran fábrica de quiebras financieras, desastres naturales y guerras. De que iba a vivir sino el capitalismo.

La globalización nos permite comprar producnacionalismo-2-300x223tos de cualquier parte del mundo. Entre otras muchas cosas, este hecho provoca la reivindicación de los intereses autóctonos y la defensa de aquello que nos es próximo, de “nuestra” tierra, aflorando nuestros más profundos sentimientos tribales. Solamente nos interesa la autenticidad de lo próximo, de lo nuestro.

Ante una crisis económica en la que los ciudadanos se sienten engañados. Se han quedado sin esa casa que el gobierno promocionó, sin ese trabajo con el que creían tener la vida solucionada. Les han cerrado escuelas, hospitales y la subida del precio del transporte, la luz, el agua y el gas parece no tener fin. Creían que sus representantes políticos velarían por sus intereses. Ilusos…

Es entonces cuando florece de dentro de los ciudadanos, el sentimiento de crear una identidad propia. Para ello, es vital la creación de un enemigo. Un enemigo, que será el culpable de su situación. A ese enemigo, unos le culparán de no dejarles ser “libres” y otros apelaran al más profundo y castizo sentimiento patriótico de la unidad. El nacionalismo resulta ser un virus altamente resistente y contagioso si se alimenta de esos poderes sentimentales, a los que parece que el ser humano es ahora más sensible que nunca, puesto que el uso de razón, de pensamiento crítico y de ciudadanos preguntones, escasea cada vez más en este mundo.

La Charlatanería, es la gran virtud de los buenos nacionalistas, su misión; que los ciudadanos se enfrenten a ese “enemigo”, culpable del empeoramiento de su situación, usando la patria como antídoto a todos los males de la sociedad.  Los políticos y los medios de comunicación se ocuparán de guiar el camino a esos charlatanes, tipos únicamente capaces de repetir religiosamente lo que oyeron el día anterior en esos medios. Todos;  políticos, medios y charlatanes, controlarán las inquietudes y anhelos de la población.

El nacionalista, irá adquiriendo la sensación de pertenecer a una especie de élite, a una minoría selecta. Esa “identidad”, fruto de un vacío interno, hará que el nacionalista carezca de sentimiento altruista y adoptará símbolos y frases identificados con su patria que no cesará de repetir. Solo le interesará lo perteneciente a ella, lo de fuera, no le incumbe. Y propondrá su patria y su sentimiento nacionalista a todos los males de su territorio. Todo ello desembocará en una patología de fanatismo nacionalista que hará aumentar sus niveles de egoísmo, pudiendo incluso crear una sensación de superioridad en la que aquel que no crea en su patria, no será digno de vivir en ella.

 Reconoceos a vosotros mismos

Reconoced lo que sois

Abandonad la tonta manía

De ser lo que no sois (1)

by Lupen

(1) . La estupidez del nacionalismo. Por Lu Tao.  
Fernando Ventura. Ed. Las siete entidades 2011